07 de junio de 2026 · Por Dominik Valledor
Quién está detrás de la Academia Asturiana de Ajedrez: Dominik Valledor
Dominik Valledor, fundador de la Academia Asturiana de Ajedrez, comparte su historia personal con el ajedrez: desde sus primeros pasos con su abuelo y su etapa en Alemania, hasta su experiencia como jugador, entrenador y creador de un nuevo proyecto en Gijón.
15 min de lectura

Quién está detrás de la Academia Asturiana de Ajedrez: Dominik Valledor
Detrás de la Academia Asturiana de Ajedrez está Dominik Damian Valledor Pereira, jugador, entrenador y fundador de este proyecto en Gijón.
Mi historia con el ajedrez empezó de una forma bastante familiar: jugando con mi abuelo cuando era niño. Él me enseñó lo básico, cómo se movían las piezas y las primeras ideas del juego. Más adelante, cuando vivía en Alemania, empecé a jugar al ajedrez en clases extraescolares con unos siete años.
Allí conocí a algunos de los compañeros que más marcaron mi infancia ajedrecística. Jugábamos al ajedrez, pero también al fútbol, viajábamos a torneos y poco a poco fuimos formando un grupo muy unido. En mi primer torneo quedé tercero entre más de veinte niños, y a partir de ahí el ajedrez empezó a ser mucho más que una actividad extraescolar.
Nos apuntamos al único club de nuestra ciudad y, de alguna manera, el “dream team” estaba hecho.
Ajedrez, equipo y amistad
Aunque el ajedrez se juegue de forma individual, para mí siempre ha tenido una parte muy fuerte de equipo.
Durante mi infancia y adolescencia competí muchos años en Alemania. Jugué torneos regionales, campeonatos nacionales, campeonatos de Alemania por equipos y varias temporadas en la Bundesliga sub-20. Durante años viajé, competí y compartí muchísimas experiencias con el mismo grupo de compañeros.
Uno de mis mejores recuerdos no fue una partida perfecta, sino un Campeonato de Alemania por equipos sub-20. Empezamos fatal, con 0 de 3. Después de la tercera ronda, por la noche, la madre de uno de mis compañeros nos trajo una PlayStation y nos pusimos a jugar al FIFA.
Probablemente no era la preparación más profesional del mundo. Pero al día siguiente empezamos a ganar. Ganamos las siguientes cuatro partidas y terminamos quintos en el Campeonato de Alemania por equipos sub-20.
Esa historia resume bastante bien lo que para mí también significa el ajedrez: competición, aprendizaje, amistad y recuerdos que se quedan para siempre.
Para mí fue muy importante combinar el ajedrez con el fútbol y con la vida de equipo. El ajedrez te enseña a pensar solo, pero el equipo te enseña a convivir, animar, respetar, ayudar y compartir derrotas y victorias.
lsv nrw
Mi camino como jugador
Como jugador siempre me he considerado una persona luchadora, táctica y atacante. Me gustan las posiciones complicadas, donde el rival tiene que tomar decisiones difíciles y donde no todo está claro.
De joven me gustaba crear caos en el tablero. Posiciones donde ni mi rival ni yo sabíamos exactamente qué estaba pasando, pero donde yo confiaba mucho en mi intuición. Con los años he cambiado algo mi estilo: intento entender mejor las posiciones, controlar más los riesgos y jugar con más experiencia. Pero sigo teniendo esa parte luchadora de buscar siempre la manera de ponerle problemas al rival.
Con unos catorce años me mudé a Essen y dejé de entrenar con la misma regularidad. Ya no podía ir tanto al club, porque el viaje hasta Lippstadt era de aproximadamente una hora y media en tren. Aun así, hice ese viaje muchas veces para ayudar al equipo cuando hacía falta.
Después de varios años jugando mucho menos, volví con fuerza al ajedrez en 2024, cuando regresé a Alemania. En mi primer año de vuelta subí alrededor de 400 puntos de Elo nacional alemán, pasando aproximadamente de 1550 a 1950. Fue una etapa muy importante para mí, porque recuperé la motivación, volví a competir y también empecé a enseñar.
Desde enero de 2026 estoy de nuevo en España. Me apunté al Escaque 19 en Gijón, he jugado la Liga Asturiana y la Copa, y también he seguido creciendo como jugador y entrenador.
El paso a entrenador
Mi etapa como entrenador empezó en 2024, durante mi vuelta al ajedrez en Alemania. En el club hacía falta alguien que pudiera trabajar con un grupo de jóvenes de unos catorce años en adelante, con niveles muy variados: desde jugadores de iniciación hasta jugadores cercanos a 2000 de Elo.
Ahí descubrí que enseñar ajedrez me gustaba muchísimo.
No se trataba solo de explicar una apertura o resolver ejercicios. Lo bonito era ver cómo un alumno empezaba a entender mejor sus partidas, cómo iba a sus primeros torneos, cómo conseguía sus primeros puntos de Elo o cómo ganaba confianza después de una mala racha.
También he acompañado a jugadores en torneos importantes. Uno de mis recuerdos más especiales fue en el Benidorm Abierto, donde acompañé como apoyo a un joven jugador que consiguió allí su última norma de Maestro Internacional y el título. Más allá del resultado, fue una experiencia muy bonita por todo lo que hay detrás de un torneo: los nervios, la preparación, las derrotas, las conversaciones después de las partidas y la parte psicológica.
Y como en todo buen torneo, también hubo alguna apuesta absurda de buffet. En una ocasión dijimos que quien no ganara por la mañana tenía que comerse unos beans británicos que no tenían muy buena pinta. La primera apuesta la perdí yo, claro. En la siguiente ronda le tocó a otro. Son tonterías, pero al final también forman parte de los recuerdos de torneo.
Cómo son mis clases
Mi forma de dar clase intenta combinar estructura, práctica y seguimiento individual.
Me gusta trabajar mucho la táctica, el cálculo y la mentalidad de ajedrez. Para mí, aprender ajedrez no es memorizar jugadas sin entenderlas, sino aprender a hacerse buenas preguntas durante la partida.
¿Qué está atacado? ¿Qué piezas están defendidas? Qué amenaza mi rival? Qué pasa si hago esta jugada? Cuál es el plan sencillo?
Muchos errores de los jugadores principiantes y de club vienen de fallos tácticos básicos: piezas desprotegidas, amenazas que no se ven, capturas olvidadas o ataques simples que se escapan. Por eso trabajamos patrones tácticos, cálculo y muchos ejercicios variados.
Pero también es importante jugar. Una clase no puede ser solo teoría. Normalmente intento que haya una parte de explicación, una parte de ejercicios y una parte de juego o análisis. El alumno tiene que poder aplicar lo aprendido en posiciones reales.
Me gusta hacer seguimiento individual. Reviso cuentas de Lichess o Chess.com, miro si el alumno está haciendo puzzles, qué tipo de errores repite y cómo va progresando. No todos los alumnos tienen el mismo ritmo ni los mismos objetivos, y eso hay que respetarlo.
Como complemento a las clases también uso métodos de trabajo progresivo, como libros de ejercicios por niveles. Cada alumno puede avanzar a su ritmo, hacer pequeños deberes y, al terminar una etapa, realizar una prueba para comprobar si realmente puede aplicar lo aprendido.
Aprender, disfrutar y mejorar
Para mejorar en ajedrez hace falta motivación. Si un alumno quiere progresar de verdad, tiene que dedicar tiempo, practicar y tener ganas de aprender. Pero eso no significa que todo tenga que ser serio o obsesivo. Hay personas que juegan al ajedrez para competir, otras para aprender y otras simplemente para pasarlo bien. Todas esas formas son válidas. De hecho, una parte muy importante de mi infancia ajedrecística fue jugar muchísimo sin sentir que estábamos “entrenando”: partidas rápidas, variantes, blitz, bullet, pasapiezas, análisis entre amigos y muchas risas. A veces se aprende mucho simplemente jugando, disfrutando y compartiendo tiempo con gente que tiene la misma afición. Por eso para mí la academia tiene que ser un lugar donde se aprenda, sí, pero también donde se disfrute.
Un club para niños, adultos y familias
A un padre que no sabe si apuntar a su hijo, le diría algo muy sencillo: que lo traiga a probar. Y si puede venir con un hermano, un amigo de clase o alguien de confianza, incluso mejor.
El nivel inicial no importa. Se empieza desde lo más básico. Lo importante al principio es que el niño tenga interés, que disfrute jugando y que poco a poco vaya ganando confianza. Si a un niño no le gusta el ajedrez, no tiene sentido forzarlo. Pero si le gusta, aunque sea un poco, el club puede ayudarle a desarrollar esa motivación.
También quiero que haya espacio para adultos. Nunca es tarde para aprender algo nuevo. El ajedrez se puede mejorar muchísimo si se le dedica tiempo, y no hace falta haber empezado de niño para disfrutarlo.
A veces hay gente que sabe mover las piezas, pero le da vergüenza ir a un club porque piensa que todos serán demasiado fuertes. Quiero romper un poco esa imagen. Los jugadores de ajedrez somos personas normales y corrientes. No hace falta ser un genio ni tener un nivel altísimo para venir, aprender y pasarlo bien.
Qué quiero construir en Gijón
Con la Academia Asturiana de Ajedrez quiero crear un lugar con buen ambiente, confianza y ganas de mejorar.
No todo el mundo tiene que llevarse con todo el mundo, pero sí tiene que haber respeto, buen rollo y una sensación de comunidad. Me gustaría que el club fuera un sitio donde se formen jugadores, pero también amistades.
Quiero acompañar a alumnos a torneos, ayudarles en sus primeras competiciones, ver cómo progresan y crear un grupo que tenga vida dentro y fuera del tablero.
También me gustaría que mis alumnos no solo mejoren en ajedrez, sino que esa motivación les ayude en otras partes de su vida: estudios, trabajo, cursos, hábitos y confianza personal.
Al final, para mí el ajedrez es una herramienta muy potente. Enseña a pensar, a esforzarse, a perder, a levantarse y a seguir aprendiendo.
Y eso es exactamente lo que quiero transmitir desde la Academia Asturiana de Ajedrez.
Formación de calidad, competición sana y valores para la vida.
Ajedrez, equipo y amistad
Aunque el ajedrez se juegue de forma individual, para mí siempre ha tenido una parte muy fuerte de equipo.
Durante mi infancia y adolescencia competí muchos años en Alemania. Jugué torneos regionales, campeonatos nacionales, campeonatos de Alemania por equipos y varias temporadas en la Bundesliga sub-20. Durante años viajé, competí y compartí muchísimas experiencias con el mismo grupo de compañeros.
Uno de mis mejores recuerdos no fue una partida perfecta, sino un Campeonato de Alemania por equipos sub-20. Empezamos fatal, con 0 de 3. Después de la tercera ronda, por la noche, la madre de uno de mis compañeros nos trajo una PlayStation y nos pusimos a jugar al FIFA.
Probablemente no era la preparación más profesional del mundo. Pero al día siguiente empezamos a ganar. Ganamos las siguientes cuatro partidas y terminamos quintos en el Campeonato de Alemania por equipos sub-20.
Esa historia resume bastante bien lo que para mí también significa el ajedrez: competición, aprendizaje, amistad y recuerdos que se quedan para siempre.
Para mí fue muy importante combinar el ajedrez con el fútbol y con la vida de equipo. El ajedrez te enseña a pensar solo, pero el equipo te enseña a convivir, animar, respetar, ayudar y compartir derrotas y victorias.
-2.jpeg&w=3840&q=75)
Mi camino como jugador
Como jugador siempre me he considerado una persona luchadora, táctica y atacante. Me gustan las posiciones complicadas, donde el rival tiene que tomar decisiones difíciles y donde no todo está claro.
De joven me gustaba crear caos en el tablero. Posiciones donde ni mi rival ni yo sabíamos exactamente qué estaba pasando, pero donde yo confiaba mucho en mi intuición. Con los años he cambiado algo mi estilo: intento entender mejor las posiciones, controlar más los riesgos y jugar con más experiencia. Pero sigo teniendo esa parte luchadora de buscar siempre la manera de ponerle problemas al rival.
Con unos catorce años me mudé a Essen y dejé de entrenar con la misma regularidad. Ya no podía ir tanto al club, porque el viaje hasta Lippstadt era de aproximadamente una hora y media en tren. Aun así, hice ese viaje muchas veces para ayudar al equipo cuando hacía falta.
Después de varios años jugando mucho menos, volví con fuerza al ajedrez en 2024, cuando regresé a Alemania. En mi primer año de vuelta subí alrededor de 400 puntos de Elo nacional alemán, pasando aproximadamente de 1550 a 1950. Fue una etapa muy importante para mí, porque recuperé la motivación, volví a competir y también empecé a enseñar.
Desde enero de 2026 estoy de nuevo en España. Me apunté al Escaque 19 en Gijón, he jugado la Liga Asturiana y la Copa, y también he seguido creciendo como jugador y entrenador.
El paso a entrenador
Mi etapa como entrenador empezó en 2024, durante mi vuelta al ajedrez en Alemania. En el club hacía falta alguien que pudiera trabajar con un grupo de jóvenes de unos catorce años en adelante, con niveles muy variados: desde jugadores de iniciación hasta jugadores cercanos a 2000 de Elo.
Ahí descubrí que enseñar ajedrez me gustaba muchísimo.
No se trataba solo de explicar una apertura o resolver ejercicios. Lo bonito era ver cómo un alumno empezaba a entender mejor sus partidas, cómo iba a sus primeros torneos, cómo conseguía sus primeros puntos de Elo o cómo ganaba confianza después de una mala racha.
También he acompañado a jugadores en torneos importantes. Uno de mis recuerdos más especiales fue en el Benidorm Open, donde acompañé como apoyo a un joven jugador que consiguió allí su última norma de Maestro Internacional y el título. Más allá del resultado, fue una experiencia muy bonita por todo lo que hay detrás de un torneo: los nervios, la preparación, las derrotas, las conversaciones después de las partidas y la parte psicológica.
Y como en todo buen torneo, también hubo alguna apuesta absurda de buffet. En una ocasión dijimos que quien no ganara por la mañana tenía que comerse unos beans británicos que no tenían muy buena pinta. La primera apuesta la perdí yo, claro. En la siguiente ronda le tocó a otro. Son tonterías, pero al final también forman parte de los recuerdos de torneo.
Cómo son mis clases
Mi forma de dar clase intenta combinar estructura, práctica y seguimiento individual.
Me gusta trabajar mucho la **táctica**, el **cálculo** y la **mentalidad de ajedrez**. Para mí, aprender ajedrez no es memorizar jugadas sin entenderlas, sino aprender a hacerse buenas preguntas durante la partida.
¿Qué está atacado? ¿Qué piezas están defendidas? Qué amenaza mi rival? Qué pasa si hago esta jugada? Cuál es el plan sencillo?
Muchos errores de los jugadores principiantes y de club vienen de fallos tácticos básicos: piezas desprotegidas, amenazas que no se ven, capturas olvidadas o ataques simples que se escapan. Por eso trabajamos patrones tácticos, cálculo y muchos ejercicios variados.
Pero también es importante jugar. Una clase no puede ser solo teoría. Normalmente intento que haya una parte de explicación, una parte de ejercicios y una parte de juego o análisis. El alumno tiene que poder aplicar lo aprendido en posiciones reales.
Me gusta hacer seguimiento individual. Reviso cuentas de Lichess o Chess.com, miro si el alumno está haciendo puzzles, qué tipo de errores repite y cómo va progresando. No todos los alumnos tienen el mismo ritmo ni los mismos objetivos, y eso hay que respetarlo.
Como complemento a las clases también uso métodos de trabajo progresivo, como libros de ejercicios por niveles. Cada alumno puede avanzar a su ritmo, hacer pequeños deberes y, al terminar una etapa, realizar una prueba para comprobar si realmente puede aplicar lo aprendido.
Aprender, disfrutar y mejorar
Para mejorar en ajedrez hace falta motivación. Si un alumno quiere progresar de verdad, tiene que dedicar tiempo, practicar y tener ganas de aprender. Pero eso no significa que todo tenga que ser serio o obsesivo. Hay personas que juegan al ajedrez para competir, otras para aprender y otras simplemente para pasarlo bien. Todas esas formas son válidas. De hecho, una parte muy importante de mi infancia ajedrecística fue jugar muchísimo sin sentir que estábamos “entrenando”: partidas rápidas, variantes, blitz, bullet, pasapiezas, análisis entre amigos y muchas risas. A veces se aprende mucho simplemente jugando, disfrutando y compartiendo tiempo con gente que tiene la misma afición. Por eso para mí la academia tiene que ser un lugar donde se aprenda, sí, pero también donde se disfrute.
Un club para niños, adultos y familias
A un padre que no sabe si apuntar a su hijo, le diría algo muy sencillo: que lo traiga a probar. Y si puede venir con un hermano, un amigo de clase o alguien de confianza, incluso mejor.
El nivel inicial no importa. Se empieza desde lo más básico. Lo importante al principio es que el niño tenga interés, que disfrute jugando y que poco a poco vaya ganando confianza. Si a un niño no le gusta el ajedrez, no tiene sentido forzarlo. Pero si le gusta, aunque sea un poco, el club puede ayudarle a desarrollar esa motivación.
También quiero que haya espacio para adultos. Nunca es tarde para aprender algo nuevo. El ajedrez se puede mejorar muchísimo si se le dedica tiempo, y no hace falta haber empezado de niño para disfrutarlo.
A veces hay gente que sabe mover las piezas, pero le da vergüenza ir a un club porque piensa que todos serán demasiado fuertes. Quiero romper un poco esa imagen. Los jugadores de ajedrez somos personas normales y corrientes. No hace falta ser un genio ni tener un nivel altísimo para venir, aprender y pasarlo bien.
Qué quiero construir en Gijón
Con la Academia Asturiana de Ajedrez quiero crear un lugar con buen ambiente, confianza y ganas de mejorar.
No todo el mundo tiene que llevarse con todo el mundo, pero sí tiene que haber respeto, buen rollo y una sensación de comunidad. Me gustaría que el club fuera un sitio donde se formen jugadores, pero también amistades.
Quiero acompañar a alumnos a torneos, ayudarles en sus primeras competiciones, ver cómo progresan y crear un grupo que tenga vida dentro y fuera del tablero.
También me gustaría que mis alumnos no solo mejoren en ajedrez, sino que esa motivación les ayude en otras partes de su vida: estudios, trabajo, cursos, hábitos y confianza personal.
Al final, para mí el ajedrez es una herramienta muy potente. Enseña a pensar, a esforzarse, a perder, a levantarse y a seguir aprendiendo.
Y eso es exactamente lo que quiero transmitir desde la Academia Asturiana de Ajedrez.
Formación de calidad, competición sana y valores para la vida.
